Capítulo 9: El Embrujo de la Llave
El aire en la gruta se volvió denso, saturado de un magnetismo que hacía que el vello de los brazos de Alaric se erizara. Las sombras en la entrada de la cueva se retorcieron, y de la oscuridad emergieron tres figuras: las seguidoras más leales de Valerius, vestidas con armaduras de obsidiana que reflejaban la luz plateada que ahora emanaba de Isolde. No traían armas de fuego; portaban varas de resonancia diseñadas para someter la voluntad.
—Atrás, Isolde —ord