Capítulo 10: El Dominio de la Sensación
El silencio regresó a la gruta, pero era un silencio vibrante, cargado con el residuo de la onda sensorial que Isolde había desatado. Las guerreras de Valerius yacían inconscientes en la entrada, atrapadas en un letargo de placer que sus mentes tardarían horas en procesar. Alaric, sin embargo, no sentía cansancio. Al contrario, la demostración de poder de su esposa había actuado como un tónico sobre su propia naturaleza protectora y posesiva.
Regresaron a