Capítulo 56: El Guardián del Paraíso
La paz del Valle Rojo, ese silencio sagrado que habían conquistado con cicatrices y lágrimas, se vio perturbada no por el estruendo de máquinas, sino por el eco distante de los cascos de los caballos contra el granito del desfiladero. Alaric, que estaba ayudando a Isolde a plantar unas semillas de lavanda cerca de la entrada de la casa de piedra, se tensó. No fue un movimiento brusco, sino esa quietud depredadora que recordaba su pasado, una que Isolde detec