Capítulo 7: El Refugio de los Mil Susurros
El estruendo del colapso del estrado fue reemplazado por un silencio sepulcral, solo roto por el crujido del hielo milenario bajo sus pies. Alaric, con los músculos todavía tensos por el esfuerzo de la sobrecarga, no perdió un segundo. Envolvió a Isolde en sus brazos, sintiendo su cuerpo temblar tras la descarga de energía, y la cargó con la determinación de un hombre que no permitirá que la muerte le arrebate su razón de ser.
—Aguanta, mi vida —susurr