Capítulo 42: El Ascenso del Corazón de Hierro
El aire en el Campo de Marte estaba saturado de una electricidad estática que erizaba el vello y sabía a ozono quemado. La Torre Eiffel, despojada de su elegancia romántica, se alzaba como un esqueleto de obsidiana palpitante bajo el cielo color esmeralda de París. Las Ondas de Sumisión golpeaban la ciudad en pulsos rítmicos, un latido artificial que buscaba ahogar cualquier rastro de libre albedrío.
Alaric e Isolde se agazaparon tras la base de uno