Capítulo 41: El Eco de los Huesos Olvidados
El descenso a las Catacumbas de París no fue solo un cambio de altitud; fue una inmersión en la memoria geológica de una ciudad que se negaba a morir. El aire allí abajo era pesado, impregnado de una humedad milenaria y el olor acre del salitre. Alaric e Isolde avanzaban por los pasadizos estrechos, donde las paredes no eran de piedra, sino de hileras infinitas de cráneos y fémures que parecían observar su paso con una indiferencia eterna.
Alaric enca