Capítulo 21: La Espina de Rubí
La paz de los Andes, que apenas unas horas antes se sentía como un bálsamo eterno, se transformó de pronto en una jaula de cristal. Isolde permanecía frente al espejo, con las yemas de los dedos rozando la pulsación escarlata en la base de su nuca. La marca no dolía físicamente; era algo peor. Era una invasión de la privacidad de su propia alma. Cada vez que el rubí bajo su piel palpitaba, un eco de la voz de Valerius, distorsionado y frío, se filtraba en sus pens