El "Anatolia" cortaba las olas del Mediterráneo con una furia silenciosa, pero dentro del camarote principal, el tiempo parecía haberse espesado como la sangre. Alaric permanecía inmóvil, con el torso desnudo y los músculos todavía tensos por la adrenalina del combate, pero su mirada estaba clavada en la pantalla donde el emblema de la familia de Isolde —un linaje que ella le había jurado que terminó en cenizas— brillaba con una luz espectral.
Isolde retrocedió hasta que su espalda golpeó la pa