Capitulo 59
El amanecer en el oasis ya no era una promesa de paz, sino un sudario dorado sobre una casa que se sentía como una tumba. Isolde permanecía arrodillada junto a la cuna de Phoenix, acariciando la frente del pequeño con dedos que temblaban sin descanso. El bebé respiraba, su pecho subía y bajaba con una regularidad rítmica que resultaba insultante ante la ausencia de su luz. No había brillo plateado, no había esa pulsación de energía que Isolde solía sentir a través del vínculo materno. Era como s
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