El aire en la cámara de los tanques criogénicos era un soplo gélido que olía a ozono y a conservante químico, un contraste violento con el calor que todavía emanaba del cuerpo de Alaric. Isolde se tambaleó, sintiendo que el suelo bajo sus botas de combate desaparecía. Alrededor de ella, decenas de rostros idénticos al suyo —o mejor dicho, versiones de una matriz genética original— flotaban en el líquido amniótico sintético. Eran versiones de la madre de Alaric, pero también eran espejos de su p