Valeria se despertó con una sensación que no había experimentado en mucho tiempo: paz verdadera. Eran las 7:15 a.m. El sol entraba suave por las cortinas, iluminando la habitación con una luz cálida y dorada. Diego dormía a su lado, el brazo rodeando su cintura de forma protectora, su respiración profunda y tranquila. Por primera vez en meses, no había mensajes amenazantes, no había paquetes negros, no había sirenas ni periodistas en la puerta. Solo el sonido lejano del mar y el calor del cuerp