Valeria miró el reloj por enésima vez: 5:47 p.m. Faltaban trece minutos para que venciera el plazo de Rafael.
La casa estaba en silencio. El supervisor del Estado se había retirado después de la última resolución judicial, pero dos escoltas nuevos vigilaban el jardín y la calle. Los niños jugaban en la sala de juegos bajo la supervisión de Isabella y Rosa. Lucas reía con Mateo y Emma, pero cada tanto miraba hacia la puerta, como si esperara que algo malo entrara.
Diego caminaba de un lado a otr