Valeria se quedó mirando el mensaje de Rafael hasta que las letras se volvieron borrosas. “Mañana a las 8 a.m. recibirás mi última oferta. Esta vez será la definitiva.”
Diego le quitó el teléfono con suavidad y lo apagó. La abrazó con fuerza, apoyando la barbilla sobre su cabeza.
— Ya no tiene poder sobre nosotros — murmuró—. Está en la cárcel. Nosotros estamos aquí, juntos, con nuestros hijos. Eso es lo único que importa.
Valeria cerró los ojos y se dejó abrazar. El dolor de la verdad sobre su