La luz suave de la mañana entraba por la ventana de la clínica, cálida y tranquila, tan distinta al caos de la noche anterior.
Greta abrió los ojos de golpe, su respiración entrecortada. Había soñado o recordado demasiado. Sus manos temblaban y su corazón latía frenético, los recuerdos que Greta había querido enterrar estaban volviendo y eso la tenía mal.
El olor de Theo aún impregnaba la cama.
Pino, tierra mojada, el aroma que siempre había amado desde niña.
El aroma que había congelado a prop