La mañana estaba fresca.
El aire aún conservaba el rocío, y el sol apenas comenzaba a elevarse cuando Theo caminaba hacia la arena tomado de la mano de Greta. Delante de ellos, Rhyd avanzaba junto a Mila, y detrás venían Rafael y Lana conversando en voz baja.
—El entrenamiento que tiene Greta es maravilloso, amor —comentó Mila mirando hacia el campo femenino—. Si las líderes del escuadrón lo aprenden por completo, nuestras mujeres serán tan letales como nuestros mejores soldados.
Rhyd asintió c