El despacho de Theo siempre había sido amplio, iluminado y cálido. Pero aquella noche, cuando los tres alfas cruzaron la puerta y esta se cerró tras ellos, el ambiente cambió.
La madera oscura, los mapas extendidos sobre la mesa central, las marcas rojas señalando territorios… todo parecía más pesado.
Más real.
Theo caminó hasta el escritorio y apoyó ambas manos sobre la superficie.
—Ahora dime, Hans… ¿a qué viniste realmente?
Hans no respondió de inmediato. Se acercó al mapa principal y señaló