Todos entraron a la casa de la manada. Hans iba contento, cuidando a Damia con extremo cuidado, su compañera estaba esperando su cachorro. Rhyd y Theo aún estaban sudados.
—Amor, quédate con ellos, yo iré a tomar una ducha rápida.
—Está bien.
Greta lo besó y los dos alfas subieron a refrescarse.
—Dime, ¿cómo te has sentido, Damia? Ser la luna de mi antigua manada no debe ser muy fácil.
—Es fácil con la ayuda de Hans. Los miembros de la manada son muy dulces, me llevan muchos regalos cuando se