Años atrás…
El sol brillaba sobre el lago, haciendo que el agua resplandeciera como plata líquida. Greta, con apenas quince años, jugaba en la orilla moviendo los pies en el agua. Theo, con dieciséis, salpicaba agua hacia ella mientras Hans había ido a buscar dos bocadillos.
—¡Vamos, Greta, métete! —rió Theo—. El agua está rica.
—¡No! Me da miedo, Theo. Ya te dije que no sé nadar.
—Si algo te pasa, mi mejor amigo sería hijo único —bromeó él.
—Qué pesado eres —frunció ella los labios.
Theo señaló un pequeño bote amarrado al muelle.
—Ven, vamos en el bote. Así no tendrás que nadar.
Greta dudó… pero al final asintió.
—Está bien… confío en ti.
Subieron juntos al bote y Theo remó hacia el interior de lago. Greta metía la mano en el agua, fascinada.
—Quiero aprender a nadar —dijo ella suavemente—. Me gusta el agua.
Theo sonrió.
—No es difícil. Yo te puedo enseñar.
Greta levantó la mirada, sus ojos celestes llenos de luz y cariño.
Ella estaba completamente enamorada del mejor amigo de su her