Años atrás…
El sol brillaba sobre el lago, haciendo que el agua resplandeciera como plata líquida. Greta, con apenas quince años, jugaba en la orilla moviendo los pies en el agua. Theo, con dieciséis, salpicaba agua hacia ella mientras Hans había ido a buscar dos bocadillos.
—¡Vamos, Greta, métete! —rió Theo—. El agua está rica.
—¡No! Me da miedo, Theo. Ya te dije que no sé nadar.
—Si algo te pasa, mi mejor amigo sería hijo único —bromeó él.
—Qué pesado eres —frunció ella los labios.
Theo señaló