La clínica estaba en silencio cuando Greta volvió a respirar hondo por primera vez.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente: un dolor suave en el labio, un ardor en la mejilla, un peso tibio bajo su cabeza.
Abrió los ojos.
Lo primero que vio fue piel.
Piel caliente, firme, marcada por la tensión.
Lo segundo… fue una voz baja, ronca, quebrada.
—Greta… —susurró Theo, demasiado cerca—. Por favor, despierta.
Ella parpadeó, confundida.
Su visión se aclaró.
Y ahí estaba él.
Theo no estaba sentado en u