La cueva estaba lúgubre.
Oscura.
El aire era espeso, cargado con el recuerdo de algo que no debía existir.
Aún podían verse las grietas en la roca donde la Lanza Negra se había desintegrado. Allí, en ese mismo lugar, Arkan había desaparecido entre fuego primordial y magia rota.
Pero la oscuridad no siempre muere cuando el cuerpo cae.
A veces… espera.
Un hombre avanzó por el túnel principal.
Su capa arrastraba sobre la piedra húmeda, produciendo un susurro constante. La capucha ocultaba por comp