Theo despertó antes de que el sol terminara de elevarse.
No fue un despertar brusco… sino uno silencioso, ansioso, como si su alma hubiera estado esperando ese instante desde hacía horas.
Greta dormía en su pecho.
Su respiración era lenta, profunda, suave.
Su cuerpo seguía un poco débil, pero ya no estaba frío ni tenso. Era como si la Luna la hubiera envuelto en un manto protector.
Theo deslizó una mano por su espalda, acariciando la línea suave de su columna mientras acercaba sus labios a su frente. La besó ahí, lentamente, con un suspiro que llevaba noches enteras de miedo contenido.
—Mi luna… —murmuró, con la voz ronca— estás aquí… gracias a la Diosa, sigues aquí…
Bark habló en su mente con un tono cálido, tranquilo, más fuerte que nunca.
“Greta está bien, Theo. Solo está recuperándose. Su cuerpo está aceptando a Azura y el poder está estabilizándose. Todo va bien, cálmate.”
Theo cerró los ojos, apretando un poco a su compañera contra su pecho.
—Lo sé… pero necesito verla abrir sus