La luz suave de la mañana se filtraba por la ventana, cálida, dorada, acariciando el borde de la cama.
Greta no abrió los ojos de inmediato.
Primero sintió… un aroma.
El aroma familiar, cálido, protector.
El aroma de Theo.
Su pecho se movía despacio, profundo, completamente entregado al sueño. Y sus brazos… esos brazos fuertes rodeaban su cintura con tanta suavidad que parecía que temía romperla.
Ella respiró hondo, dejándose envolver por él.
Fue entonces cuando escuchó la voz. Una voz suave. F