Los días habían pasado desde el ritual.
El cuerpo de Greta ya no tenía rastro de veneno.
El poder de Azura fluía limpio, brillante, imponente.
Y Theo… Theo finalmente había recuperado a Bark, su verdadero lobo, su fuerza primordial, su alma gemela animal.
Ambos se sentían más fuertes que nunca.
Ese amanecer, la arena de entrenamiento vibraba con energía. Guerreros observaban desde los bordes, curiosos por ver cómo se desenvolvía la pareja Alfa ahora que sus lobos estaban en el lugar correcto.
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