Greta estaba inconsciente, respirando suave, aferrada a la vida como si aún luchara dentro de un sueño. Bark la sostenía con una delicadeza imposible para un lobo tan inmenso: la llevaba sobre su lomo blanco, protegido entre su pelaje cálido y su aura pura.
Cada paso que daba levantaba una brisa ligera, cargada de energía ancestral.
Rafael caminaba detrás, aún impresionado. Lana, con las piernas débiles, trataba de seguirlo. Elara sostenía a su bebé pegado al pecho, ambos envueltos en el silenc