Las piernas de Greta no soportaron haciendola caer.
El veneno había entrado en su alma.
Azura había saltado para protegerla.
Y Bark… Bark había sido arrancado de ella para regresar al cuerpo de su verdadero compañero.
Theo sintió un tirón brutal en el pecho.
Un vacío. Una presión antigua.
Y luego…
Greta cayó.
Su cuerpo se desplomó como si le hubieran cortado todos los hilos.
Theo la atrapó antes de que tocara el suelo.
—¡GRETA! —su rugido desgarró el bosque entero— ¡GREEEEEETA!
Ella no respondió. Sus ojos estaban cerrados. Su piel, demasiado pálida.
Y su pecho… aún se movía, pero lento, irregular, como si la vida se le escapara entre los dedos.
—No… no, no, no… —Theo la abrazó, temblando— por favor no… mi luna no…
Rafael dio un paso adelante, pero un estruendo hizo que se congelara.
Algo dentro del pecho de Theo… despertó.
Un latido que no era suyo. Una fuerza que había estado dormida durante años. Un espíritu que, por fin, volvía a casa.
El cuerpo de Theo se arqueó violentamente haci