Greta estaba bajo la ducha, con la frente apoyada en el azulejo y el agua cayendo sobre su cabeza como si quisiera borrar el peso del día. Sus brazos descansaban tensos contra la pared, y su respiración era profunda, inquieta.
Entonces lo sintió. Ese calor. Ese cuerpo.
Theo entró en silencio, pegándose a su espalda. Rodeó su cintura con sus brazos fuertes y apoyó la frente en su hombro mojado. Luego dejó un beso suave ahí, apenas un roce… suficiente para desarmarla.
—¿Qué sucede, mi amor? —murm