Greta estaba bajo la ducha, con la frente apoyada en el azulejo y el agua cayendo sobre su cabeza como si quisiera borrar el peso del día. Sus brazos descansaban tensos contra la pared, y su respiración era profunda, inquieta.
Entonces lo sintió. Ese calor. Ese cuerpo.
Theo entró en silencio, pegándose a su espalda. Rodeó su cintura con sus brazos fuertes y apoyó la frente en su hombro mojado. Luego dejó un beso suave ahí, apenas un roce… suficiente para desarmarla.
—¿Qué sucede, mi amor? —murmuró contra su piel—. ¿Estás preocupada?
Greta cerró los ojos, conteniendo el temblor.
—Revelamos nuestro secreto, Theo… —susurró— tengo miedo. ¿Qué pasa si Rafael lo cuenta? ¿Y si se le escapa? ¿O si alguien nota algo? Yo… no quiero perder a Bark.
Theo la abrazó más fuerte, pegando su pecho al de ella, envolviéndola por completo.
—No lo perderás, mi vida —dijo con total seguridad—. Rafael es de mi confianza. Es mi amigo desde que teníamos tres años. Si hay alguien en quien puedo confiar… es en é