El día estaba nublado, perfecto para patrullar sin ser vistos. Theo caminaba al frente, con Rafael a su derecha y Greta a su izquierda, los tres en forma humana para poder analizar mejor el terreno.
—Sé que debe haber algo por acá —gruñó Theo, oliendo el aire y revisando cada rincón—. Aquí fue donde los guardias perdieron el rastro de los renegados el otro día. Debe haber un pasadizo o algo. Esos malditos no pueden simplemente desaparecer.
Rafael olfateó el ambiente, alerta.
Greta observaba cad