Amaia.
— ¿Qué haces aquí? —pregunta obligándome a mirar hacia arriba.
Toco mi nariz que ha golpeado contra su pecho quizá hecho de acero. Debe ejercitarse, no hay duda.
—Yo sólo...
— ¿Gael? —Es Rulac Belmonte, su padre, quien lo llama— Adelante.
Gael me observa da arriba abajo con ojos entrecerrados. Un par de preguntas bailan en su mirada.
—Hablaremos después.
Camina hacia la puerta del despacho de su padre y yo intento decirle algo, pero mi mano queda en el aire y mis palabras atrapadas dentr