Gael.
Me encierro en mi despacho, sintiendo el peso del día sobre los hombros. Lleno un vaso de cristal con whisky y lo bebo de un solo trago, dejando que el ardor me queme la garganta. Un golpe en la puerta interrumpe el breve momento de tregua que me he permitido.
—Adelante —musito con desgano.
El mayordomo ingresa con su porte impecable y su rostro imperturbable.
—Señor —Inclina la cabeza—. Su padre ha anunciado su regreso. Llegará mañana.
Entorno los ojos y aprieto la mandíbula.
—Esperaba q