Amaia.
Corro con todas mis fuerzas, sintiendo que el viento me golpea el rostro cuando salgo del hospital. A mi derecha el camino que conduce a la calle, a mi izquierda el que lleva a los jardines, uno pequeño en forma de laberinto. Me decido por el segundo.
Mi respiración está agitada, pero el miedo no es lo que me domina, sino la rabia y es lo que da fuerza a cada uno de mis pasaos. Sé que Gael no se detendrá hasta que me atrape, pero eso no significa que me rinda sin pelear.
Las hojas crujen