Amaia
Gael y Elan se observan con intensidad, un choque de miradas que revela un conflicto anterior y que carga de tensión a nuestro alrededor. Aunque lo que más me inquieta es la presión firme y desafiante con la que el médico aún sujeta mi mano, incluso ante la presencia de mi esposo.
Es por ello que con un movimiento brusco, me libero. Gael sigue atento mi acción mientras ofrece una mirada oscura y analítica, como si intentara mirar más allá de nuestra presencia.
—No sabía que ahora tenías