Amaia.
Entrecierro los ojos al ver a Gael y escuchar su presentación tan... sorpresiva.
— ¿Qué haces aquí? —indago.
—Ahora que estamos casados, nuestras familias están unidas. Es mi deber preocuparme por la salud de mi cuñada —responde con calma, pero con un tinte de frialdad en su voz que no me pasa desapercibida.
Arrugo mi entrecejo y miro a Diara, quien continúa con las mejillas encendidas y la mirada gacha, aunque no entiendo por qué y supongo que es por la presencia del médico.
—En efecto,