Gael.
El aire frío de la tarde aún nos envuelve al cruzar el umbral. Mi cuerpo se detiene al descubrir que Amaia está en la sala de estar, pero no está sola, sino con él… Elan Meleu, el maldito médico, mi antiguo amigo, el ser que siempre me recuerda la muerte de mi madre y mis más grandes errores.
Ambos están tomando el té, uno frente al otro y ella sonríe. Su cara se ilumina cuando lo hace, incluso su cabello parece seda fina.
—¿Qué hace él aquí?
Mi tono alto les informa de mi presencia.