Capítulo 86.

Capítulo 86.

Habían pasado tan solo unos días desde que apuñalé a Paul. El palacio seguía en tensión, y no era para menos: si hubiese movido el cuchillo tan solo unos centímetros más a la izquierda, Paul ahora estaría muerto. Pero no lo había logrado, así que él seguía guardando reposo en su cama y recuperándose poco a poco de su herida. Pasé a su dormitorio y pude ver cómo tenía el torso desnudo, la herida vendada y los labios secos. A su lado, había jarras de agua fresca y un plato con fruta
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