Había pasado una semana desde aquel terrible incidente. La reapertura del restaurante se había tenido que suspender, y el ambiente que antes había estado lleno de risas y alegría ahora estaba impregnado de una profunda tristeza. Por consideración a Mercedes, Guillermo había decidido cerrar el restaurante hasta nuevo aviso, sintiendo que era lo menos que podía hacer en esos momentos de dolor.
Todo se había complicado para él; no podía viajar aún a Nueva York, puesto que tenía a su cargo a los ni