Mientras tanto, Luis Fernando y Grecia se encontraban en un momento de intimidad que nunca antes habían experimentado, a pesar de haber estado casados durante años. La habitación estaba sumida en una luz tenue, filtrada por las cortinas que danzaban suavemente con la brisa nocturna. Después de hacer el amor hasta agotarse, se encontraban acostados en la cama, bajo el calor de la chimenea, completamente desnudos y abrazados, como si el mundo exterior hubiera desaparecido. El aire estaba impregna