Mientras tanto, en la Clínica de Chicago…
Grecia había llegado muy temprano a la clínica, con su bebé en brazos. La luz del sol apenas comenzaba a filtrarse por las ventanas, y la calma del lugar contrastaba con la tormenta de emociones que se agolpaba en su pecho. Lastimosamente, no podía dejarlo en casa para evitar riesgos de que este pudiera contagiarse de cualquier virus en la clínica; lo estaba amamantando y no quería separarse ni un minuto de él. A pesar de que la servidumbre en la mansió