Guillermo se quedó mirándola fijamente a los ojos. Tenía miedo de cuál iba a ser su reacción; temía decirle que la bebé se había complicado y que él había autorizado la operación sin antes consultarle. Sin embargo, no había otra alternativa: había que operar o, de lo contrario, la bebé podía morir. La vida lo había puesto nuevamente bajo la responsabilidad de tomar una decisión que podía salvar o no la vida de alguien. La primera vez fue con Ernesto, cuando tuvo que tomar la dura decisión de au