El bullicio del restaurante se convirtió en un caos. Mercedes sostenía a Grecia desmayada en sus brazos, mientras los murmullos de preocupación se esparcían entre los comensales.
—¡Por favor, apúrense! —gritó Mercedes, visiblemente nerviosa, al ver que Grecia no reaccionaba—. Necesitamos ayuda aquí, ¡rápido!
Los ojos de todos estaban fijos en la escena; algunos sacaban sus teléfonos para llamar a emergencias, mientras otros simplemente observaban, incapaces de apartar la mirada del sufrimiento