Mientras Guillermo se desesperaba buscando la única prueba que podía hacer que Monserrat creyera en él, Luis Fernando y Grecia se encontraban reunidos con Burgos en el hotel. Le habían puesto al tanto de lo que habían descubierto: la prueba que, según ellos, iba a poder servir de apelación ante la decisión del juez.
—Y bien, licenciado Burgos, ¿qué opina de todo esto? ¿Usted cree que Grecia y yo podemos contrademandar a Guillermo y apelar ante el juez? —le preguntó Luis Fernando, con un aire