Luis Fernando se detuvo un momento en la entrada de la oficina de Villaseñor, sintiendo el peso de la importancia del lugar que estaba a punto de cruzar. La puerta de madera oscura, tallada con intrincados detalles, se abrió con un suave chirrido, revelando un espacio que desbordaba poder y sofisticación.
En el centro de la oficina, un escritorio de caoba maciza dominaba el lugar. Era un mueble imponente, con una superficie perfectamente ordenada, que contrastaba con el desorden habitual de ot