La sala de la mansión de los Ripoll, que alguna vez se llenó de esplendor y elegancia, ahora se había transformado en un caos desolador. Las paredes, que habían sido testigos de innumerables celebraciones y risas, estaban cubiertas de sombras que parecían absorber la luz del día. Las ventanas, antes adornadas con cortinas lujosas, estaban desprovistas de su esplendor, dejando entrar una luz tenue y triste que iluminaba la escena con un aire melancólico.
Cajas de cartón y maletas de diferente