Grecia sintió que el aire se le escapaba de los pulmones al ver el diario de Greta en manos de Guillermo. La expresión de su esposo era una mezcla de incredulidad y dolor, y ella sabía que ese momento que tanto temía había llegado.
—¿Cómo conseguiste esto? —preguntó Grecia, intentando mantener la calma, aunque su voz temblaba.
Guillermo no respondió de inmediato; sus ojos estaban fijos en las páginas del diario, y su rostro se tornó pálido mientras absorbía la impactante revelación. Finalmente