Luis Fernando, al ver a Grecia, no pudo contener las ganas de hablar con ella y tratar de explicarle.
—Grecia, tenemos que hablar —dijo, acercándose a ella con una mezcla de urgencia y desesperación.
—Yo no tengo nada que hablar contigo. Todo está dicho —respondió Grecia, sin importarle que la recepcionista estuviera escuchando. Su voz era firme, pero en su interior ardía una mezcla de rabia y dolor. Lo único que quería era salir del hotel, lejos de él y de Miranda.
—Por favor, Grecia, ¿no te d