Miranda alcanzó a Luis Fernando, quien caminaba con paso decidido, como si quisiera llevarse por delante a cualquiera que se atreviera a cruzarse en su camino. Estaba furioso, incapaz de procesar lo que estaba sucediendo.
—¡Luis Fernando espera! —lo llamó varias veces Miranda, pero él continuó su camino a paso acelerado. Finalmente, logró tomarlo por el brazo—. Luis Fernando, te he estado llamando un buen rato. Me dejaste sin aliento. ¿A dónde vas?
Él mantuvo el ceño fruncido, con una expresión