La sala de juntas estaba llena de tensión. Grecia Lombardo había declarado su llegada y su posición como la accionista mayoritaria, lo que había dejado a todos los presentes en estado de shock. El murmullo de incredulidad resonaba en toda la sala, mientras los accionistas intercambiaban miradas atónitas. Greta Ripoll, visiblemente alterada, no podía aceptar la realidad que se presentaba ante ella.
—¡Esto es inaceptable! —exclamó Greta, con su voz vibrando de furia—. ¡Necesito pruebas! ¿Dónde