Cuando Guillermo regresaba de buscar a los niños a la guardería, se cruzó con Grecia justo antes de entrar en la casa. Ella lo miró con curiosidad, notando su aspecto desaliñado, con la ropa arrugada y llena de arena.
—¿Pero qué te pasó? Tienes la ropa medio húmeda y llena de arena. ¿A dónde te metiste, Guillermo? —preguntó, frunciendo el ceño.
—Ah, lo que pasa es que estuve caminando por la orilla de la playa y me provocó darme un chapuzón —respondió él, intentando restarle importancia a su e