Grecia no podía creer lo que estaba leyendo. Su corazón latía con fuerza mientras sus ojos se movían rápidamente por la pantalla del celular.
—¿Pero qué significa esto? —exclamó asombrada, casi sin aliento, mientras leía cada mensaje. —Guillermo y Monserrat... ¿son amantes? Pero... pero... entonces mis sospechas eran ciertas. Ahora lo entiendo todo —gritó furiosa dandole un fuerte golpe al volante, aunque todavía estaba en estado de shock. En el fondo, no podía creer hasta qué punto Guillermo