Luis Fernando tragó saliva, sintiendo un nudo en la garganta que parecía crecer con cada segundo que pasaba. Un peso enorme se asentó sobre sus hombros, y sus dedos se cerraron con fuerza alrededor del teléfono, como si así pudiera evitar lo inevitable. Comenzó a sentirse la tensión en el ambiente, y el silencio que los rodeaba parecía eterno.
—Grecia… —su voz sonó áspera, cargada de un dolor que no podía ocultar—. Es el señor Pasquel…
Ella parpadeó, confundida por el tono de su voz, pero n