Monserrat se retorcía en el sofá, con su rostro pálido y cubierto de sudor. Cada contracción la golpeaba con una fuerza que la dejaba sin aliento. Mónica, estaba a su lado, intentando calmarla en medio del caos. La angustia en los ojos de Monserrat, se reflejaba con sus lágrimas, y cada vez que una nueva contracción aparecía, los gritos de dolor no se hacían esperar, lo que hacía que Mónica estuviera aterrada sintiendo el peso de la culpa, ya que estaba consciente de que su hija se había altera